Poesía internacional: Lilia Parisí (Argentina)

Lilia Parisí (San Juan, Argentina, 1978) poeta y socióloga. Pasó parte de la infancia en México y Chile. Participó de su primer recital de poesía en mayo 2017, en el ciclo Rumiar Buenos Aires. En 2018 fue invitada por el Ministerio de Cultura de Cusco, a participar de Enero en la palabra, Festival de Poesía del Sur Andino, integró el Festival de Poesía Joven Jauría de Palabras (Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, mayo 2019), participó del Festival Internacional de Poesía de Medellín (octubre 2020). En 2018 conformó junto a otras poetas mujeres, la antología La sangre en las fiestas cortas, editado por Textos Intrusos (Mayo 2018). Parte de su trabajo reciente se encuentra en la antología Descosidas, (Buenos Aires, 2019). Es una de las organizadoras del ciclo de poesía Cordillera, estudia actualmente la lengua ancestral andina, Runasimi, y cursa la Maestría en Escritura Creativa en la UNTREF.

Nigredo

Desde hace
160 días con sus noches
no ruge el demonio alado
que sobrevolaba estas
las ciudades malditas
nadie mutila el origen mineral de lo viviente
y los pequeños seres
los que espiaron siempre
desde la delgada tenebrosidad de la infancia
bajan a diario
a intercambiar sus cristales y sus pieles

A mí
se me ha conferido el nombre de superviviente
Y las bestias
las que quedaron
las que todavía andan sueltas,
yugulan a los pequeños animales
les arrancan sus cabezas jóvenes y frescas
y como a un juguete precioso las observan
pero sin la voluntad
de la apropiación
humana.

La casa
que dejé ayer,
cuando aún me comprimía
en la celdilla asfixiante de la lengua,
está llena de insectos.
puedo verlos desde aquí:
llevan en sus patas antiguas escrituras
dejan la exégesis de su reino
en las orillas de las tazas que quedaron servidas
y que son ahora
estanques oscuros
silenciosos
en los que se dibuja
la Nigredo.

Primera canción a mi padre

Ese día me había peinado mi padre
como si fuera un hombre
dispuesto a subir a un caballo
yo
él
como una cabra
maté a alguien dijo
con las mismas manos de peinar
pensé
y yo de ahí
todo
y yo de ahí
los cismas los barrancos
sin aire
y por las mañanas
sin peinado
y los niños perdidos
de ese entonces que venían
los niños sangrantes de esos días
que venían a jugar
ponían la locura junto al dulce de la tarde
junto al cuchillo y al humus negro
de donde regresan sus manos
cada vez que mi padre me peina.

Hormigas

Sé que el libro que dejaste queriendo darme algo
me trajo mala suerte
ese día tuve que asesinar a una milicia de hormigas
que vino a amenazarme con su capacidad minúscula
de construirlo todo
a mí
que tanto me cuesta apilar
juntar
adquirir
a mí
que no podría nunca con toda la basura
hacer un hongo para sobrevivir al invierno
No creo en la potencia de lo pequeño
me he servido de los saltos bruscos
del espasmo
de la deglución súbita del tiempo
Y tu libro:
un valor de uso rosado y muerto
un producto envasado al vacío
una pandemia literaria que ofreces al mundo
aunque de corto alcance comercial.

Canal

Tuve que irme
correr
por pequeños lapsos arrastrarme
y por largas horas usar un vestido
como un tubo un conducto
que tuve que coser con el nombre femenino de la brea
y que comencé a zurcir siete días
después de haber nacido
a zurcir
con los ocho huesos que componen
la actual agrimensura de mi mano izquierda
Tuve que irme
correr
con un vestido
oloroso triste
esencialmente cotidiano
heredado de mi familia tras la muerte
de un abuelo heroico
de un suicidio en los terrenos de Valdivia
de un abuelo revuelto en las malezas
envuelto en las lombrices de néctar que masticaba antes
de transformarlas  en vino
con sus dientes de herbívora criatura.
Tuve que correr
dejarme picar por tres serpientes
peinarme con la sangre de las manos
untar mi cara en alimento
Tuve que correr lejos
porque cuando estaba allí la tierra comenzaba a taparme
me confundía con bulbos y raíces
o simplemente carne muerta
Un viento caliente me cubría con la saliva  de su polvo
susurraba amor entre las muelas
por ese entonces yo
comenzaba a  pensar en poblados con mares
sus canteros cuyo nombre confundía con la palabra acantilado
y de ahí  ya pasaba mi mirada a las macetas
a sus cultivos claros
Tuve que irme
correr
pero para entonces ya pensaba en poblados con mares
y en lugares bellos y ciertos
de un modo indetenible.

Hola animal

Hola animal
he visto cómo llegaste a mí
a través del olfato
y yo te olí también antes de tocar la fortaleza
que convierte mi casa en bosque
he reconocido entre los ojos tu degüello
y llego a tu encuentro también para lamerte
atender tu chillido
tu destello
tu primera noche acá en la Tierra
Yo
necesito que alguien cuide
el tenor y la calidad de mi alimento
que quite con cuidado el nylon
que cubre mi cabeza
y apoye su mano en mi diafragma
para ver si sigue el curso de todo lo existente
Contracción-expansión
me contraigo más de lo que indican
las sanas ecuaciones del mundo
me comprimo en los asientos de un tren donde no duermo
pero simulo vida
Voy y vengo
como si afuera de la cápsula
hubiera algo
un sonido
una máquina de oxígeno.

Alicia

Una mujer llamada Alicia
se dice mi madre
fija mi  nombre
en un padrón de enfermería
me sostiene
me amamanta
me asfixia
con el  oxígeno claro del origen
y su cuerpo
su cuerpo huele a infierno
su cuerpo huele
a oficina de correo
a tinta
su cuerpo huele
al pescado de las calles
que nada tiene que ver con las mareas
del  mío sobresalen los ardores de la luz
y las costillas
y no sé para cuál de las dos
es hoy la muerte.

Mezquina bóveda del bosque

Yo que a los ocho años empuñaba un arma
he buscado en esos bosques
y ahora busco en las siluetas de cartón
que los hombres pusieron
para que clavara allí una bala
te he buscado, digo  
entre la inmensa y esotérica arboleda
pero la bóveda del bosque
siempre supo distraerme
marcó mi paso
con cabezas ancestrales
y trapos oscuros colgados de los cielos
Sagrada bóveda del bosque
me alzaron tus ramas
prometiendo algo que no llegué a escuchar
era tan leve la tarde
que caían pájaros niños a la tierra
y fue tan grande en mí
tan de mí
que a partir de ese chillido levanté toda mi infancia
como piedra
Mezquina bóveda del bosque
si notabas de lejos los minúsculos mapas de mis manos
por qué me salvaste de las balas perdidas de mi padre.

Sin título

Necesito encontrar a los niños
que nacieron el día que nos conocimos
Quiero saber
si han desarrollado una patología
un trastorno
si el oxígeno doméstico con el que se atragantan
los debilita o les trae el alimento
si alguno tiene el pie llagado
o plano
si traen el pecho partido de antemano
o nace entero
Quiero saber si alguno de ellos tiene
rostro
Si llevan por nombre una invocación al nuestro
o a la muerte
Quiero saber dónde están los niños
que nacieron el día que nos conocimos
si duermen boca arriba desvalidos
si fueron escupidos de alguna constelación inmediata
o sólo se batallaron entre el barro
y los cuencos infectos de las plazas.

Sin título

No sé qué hacer con el cuerpo muerto de mi padre
de noche me pregunto si será mejor conservarlo recostado
o dejar que haga su curso
entre la materia y los objetos de cocina
Ayer dimos juntos un paseo en bicicleta
él
atado como pudo dejó que lo tocara el aire
en el parque lo acomodé bajo la sombra
pero las casas los autos las frutas
las canciones de las niñas lastimadas
empezaron a entretenerme con la vida.

Toro

Alguien sabe por qué escapó este animal con la luna nueva de febrero

Él como nosotros se dispuso en el camino:
montaña desprendida del conducto ambiguo de la noche
tieso en el sendero donde bramaron las máquinas
y nosotros
mensajeros suyos 
trayendo la muerte a galope del asfalto

Alguien sabe por qué escapó ese animal con la luna nueva de febrero
las manadas aconsejaron el descanso
juegos silenciosos
agua de laguna  

Mansedumbre
memoria degollada
toro sagrado ofrecido a la nebulosa de la noche:
a Lyra
y a las tres constelaciones que preguntan tu muerte

Quieto tu cuerpo tendido en la banquina
regó la sangre oscura
nueva
que rápido desaparecía en la sed milenaria de la Tierra.

Aljibe

Hace 100 años en esta misma casa 
me tocó 
meter la mano en el aljibe
surcar la garganta de los inundados
meter los brazos profundo  
traer a luz al cervatillo 
Hace 100 años en esta misma casa
abrí los pulmones encharcados de mis semejantes
para escuchar atenta los secretos familiares
así cada día: 
que la mujer del trigo y de la trenza
que el niño tragado por el fuego
que los cofres con gusanos
que la higiene sacra de mis crías 

Limpia la casa ya
el pozo los ancestros
ajada la costura de los mundos
veo a Júpiter crecer desde la corona solar del fresno 
Voy a agarrarlo.