Poesía internacional: María Borio (Italia)

Maria Borio es poeta y ensayista. Doctor en literatura italiana contemporánea, es curadora de la sección de poesía de “Nuovi Argomenti”. Su último libro de poesía es “Trasparenza” (serie “Lyra Giovani” de Franco Buffoni, Interlinea 2019) en traducción en EE.UU. el anterior “L’altra limite” (pordenonelegge-lietocolle 2017) ha sido traducido en Argentina, está por publicar “Desde el desierto rojo“, plaqueta de arte con dibujos de Linda Carrara (“I quaderni de ‘la Necklace” editado por Maurizio Cucchi, Stampa2009). Su último libro de no ficción es “Poéticas e individuos” (Marsilio 2018). Entre los premios de los que fue ganadora, el Mauro Maconi y la Ciudad de Fiumicino. Es editora del sitio cultural “le parole e le cose”. Fundadora del festival europeo “poesiæuropa”, colabora con los programas de Radio 3 Rai y con la cátedra de literatura italiana contemporánea de la Universidad de Perugia.

Milenio de primavera

Hoy veo lo que es la primavera
-los secretos se sienten, ligeros y limpios:
los miras en el cielo en balsas de pino,
en el terraplén el espino dice que estoy aquí.

Vemos, deseamos, tal vez no sea
una temporada, pero la última antropología
-No temas al futuro, al amor …
Para atrapar el espino hay que pincharse.

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Se quita la pijama, es una mañana de abril.
Dentro del cuerpo de las tórtolas puede haber
cada recuerdo, en la cabeza perfectamente redonda
en las agujas azules del pino perfectamente cosidas.
Nadie ve quien eras, ni sus deseos,

mirando las tórtolas nadie puede imaginar
una mujer vestida de jogging y un hombre que lleva
una bufanda gastada – las palomas eclosionan
y olvídate cuando eclosionen los huevos.
Cómo te olvidas ¿Qué quieres?

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Nadie puede encontrarte, pero esa cosa
todavía crepita como jugar el juego de
no respirar y no hablar, eso pasa
siempre cuando dos empiezan a reconocerse
-primero ella luego él luego él luego ella luego ella luego …

Todos, tarde o temprano … esconden una cosa:
en el tarro de albahaca, uno dentro del otro,
en el huevo que se cuece, uno dentro del otro –
y ahora, como la tórtola toma la hierba,
ahora que la pierde un poquito mientras vuela …

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Estaba poniendo un pie en el agua:
el frío al principio, luego el hábito,
el tobillo en el borde y el nuevo hábitat,
la piscina en circunferencias más grandes,
anillos, círculos magnéticos. Ondas.

Era primavera. Nadamos con gorras,
el traje de baño en forma de X detrás de los hombros.
El final y el principio: un hábitat alterado
en un área, extendido en otra área,
un lugar más grande… Más olas.

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Habíamos perdido nuestros pies en el agua
a partir de abril aclara un poco el césped –
los trazos siempre hacían un sonido
profundo, sin memoria, oscilante
como el nuevo IBM y Paint donde dibujaste

otra piscina sin borde. La memoria
¿un habitat? Detén tu pie en el agua:
siempre hay una vida detrás de él … – el pie,
la flecha para dibujar … – detrás
¿quien estuvo ahí? Prueba, cuenta. Escuchar. Saltar.

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Hoy nació la flor de romero.
En este milenio por primera vez
vulnerable en todas partes, por primera vez
no lo habrías creído. Las flores no son ojos.
¿La humedad de la córnea deja brillar los recuerdos?

Entonces la mirada más verdadera es solo esa
que cuentan después del beso de Judas:
nuestra especie, todo lo bueno y lo malo,
tal vez solo en la primavera de antaño
así, se ve honesta. Silencio.

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Nuestra especie cree en las máquinas
y al destino, todavía, vacío, por primera vez
como el Santo Sepulcro de la peste del siglo XIV.
Nuestra especie, la tentación – “Lo que es, es
-si no es, no he sido, no soy, no seré? ”.

Pero cuán auténtica es la gente
por un momento, más cierto que las palabras
de Isabel II, la limpia Nos volveremos a encontrar.
Más que la luna fresca y brillante de la mañana …
y un hombre no sabe si es la luna o el sol.

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Hoy veo lo que es la primavera … –
“¿Qué es, es – si no es, he sido, soy,
¿Seré yo? ”, En voz baja César y Napoleón
sentados juntos al otro lado de la luna

-entonces llega una mujer, a contraluz
alto al otro lado del sol, repite
“Verdad” y “verdad”, “puro heroísmo …”
-y ella es solo una persona, y contempla, ahora.

Este poema es parte de un pequeño libro de arte inédito, Desde el desierto rojo, que hice junto con la artista Linda Carrara. La naturaleza del centro de Italia es el paisaje donde confluyen momentos de reflexión sobre el tiempo presente, sobre el medio ambiente y sobre el anthro-poiesi. Plantas y animales conviven con lugares y personajes de la historia que de repente se materializan, como el Santo Sepulcro, Isabel II, César y Napoleón. En un momento circunscrito, la primavera de 2020, las personas y la naturaleza se desnudan mediante una escritura fluida articulada en movimientos estróficos, que intenta percibirlos en su autenticidad, muchas veces inconscientes de algo milenial.

***

Acostada sobre la cama a veces ves formas,
curvas que entran y espirales que escapan.
Órganos transparentes se abren arriba
y mudan en una línea suave que se persigue a sí misma,
limpia de colores oscuros — el color de la sangre
o aquél denso de la carne donde nacen las abejas.

Nada se regenera, mas es prolongado, infinito
en la línea que separa los objetos y hace cosas
para pensar, para habitar: un gran huevo, por ejemplo,
se rompe sin perder líquido y blanquísimo invade
los ángulos del techo, abre un arco, una puerta
entre los continentes.

Entre el cielo y el agua este edificio
fulgura en una luz ilimitada:
puedes abrirlo, abrirte
a una lengua de tonos ásperos,
regresar al sonido redondo de otra
reanudando esos tonos como ventanas al mar
o el puente suspendido por el parque
donde las personas recostadas en el pasto son abejas
y el sol parece impedir la muerte,
incluso si dentro de años, millones, un día
explotara.

Sigues luego otras líneas, aquellas de la especie,
tal vez como saber que nacer
no será ya violencia, sino fenómeno de mirada,
y dejas trepar el sexo desde el lecho
alrededor del contorno de este edificio
en su blanco, la estrella en el instante previo
a su explosión.

La vida está en cualquier parte, en una línea curva
cada cual habita cómo pensar.
Las abejas dejan la boca ahora porque las pienso.

***

¿Qué dicción retienen las cosas,
qué simple pretensión?
La necesidad de salida, la cavidad
que no nos aísla.
Mi protección es lejana
y solo humana, como el cuerpo
de una mente o una voz.
Y el espacio donde todos valen
el peso del día y ni siquiera
se envuelve de ojos. De golpe
algunos reconocen que es posible
también el vacío, otros se recobran
después de haberlo colmado.
Pero tu nombre ha llegado
sobre una nada, ha dejado
con la luz el camino.
Luego el espacio ha asumido
todas las cosas como mías y tuyas,
como las estrechabas por entonces
en un salto, en el aire.

***

Isla

En la noche el vidrio de los rascacielos de Isla
parece una falla en el horizonte,
el semicírculo de la estructura que dice
el poder de volver el agua sólida
y derretirse al momento
que acabaste de circunscribir.

Aquí las horas por oscuridad distinguen
el silencio cristalino, el redoble de los trenes,
las gotas en el aire, las fibras –
pero el alba nos ha detenido en un sonido retorcido:

las curvas del tiempo vacío
la fuga en el paso subterráneo
la electricidad abierta entre los ascensores y la comida descongelada
los artífices de esta limpieza de vidrio
o una prueba muy humana para detener un azul fragilísimo.

Sentados al borde de la fuente
he aquí el avance: el frío
incorruptible de la oscuridad
se encoge y una muchedumbre normal
escala los rasgos del rostro. Al bar, me dices,
que es hoy la metáfora del mundo
reteniendo la comida en la boca
el gran vidrio de estos edificios
y la comida profunda en los órganos:
mecánica y carne invisible
y sus imperfecciones envuelven lo puro y lo impuro
entrando saliendo del gran vidrio
como el arte áfona y oscura de Duchamp

corta en secciones.

En el caso que premies la mano, puede estrellarse

o resistir como el éter resiste,

y allí conscientes o separados de nosotros

puro e impuro,

la gran pantalla de Isla

un continente.

***

IV

Ocurre que en estos metros cuatro por tres
ha muerto un hombre de noventa y cinco años,
que sobre su piel veo la forma de mi barbilla.

Ocurre mientras aprieto los dedos sobre la barbilla
que él es justo y corto, mi estatura vaga.

La estatura ocurre como la muerte
saturado, sin puntos. Los genes se despliegan, inician
su corrosión. La habitación no contiene, el cuerpo tiene
diez de mis palmos de largo.

Ocurre que me quedo siempre en la habitación donde has muerto
también cuando me lavo piernas abiertas y digo
cómo puede recogerse el desorden, aclararse
en una confusión de sexos que son el vacío
mientras me lavo. También la orina se vuelve invisible.

El desorden es, sin sentimientos, seco en los pliegues
de los genitales, de las sábanas azules, de la nieve arraigada
o algo que corta el aire como una hoja dentada:
también puedo ser un hombre, envejecer como un hombre,
desplazar la energía del seno a la ingle, sentir que llega todo
entre mis piernas, entre tus ojos, no hay más violencia.

Pero, sobre el desorden de la casa en la luz de la computadora
sobre el orden habitado de las tumbas bajo la montaña
mírala, dices, se lava a fondo con las uñas en el agua,
mírala, sus huesos estaban vacíos y estrujados, la hoja dentada.

Poemas extraídos del poemario L’altro limite publicado en Argentina por Le pecore nere Editorial, traducidos por Marina Maggi, con introducción Diego Bentivegna