Poesía internacional: Myriam OH (Ould-Hamouda) (Francia)

Myriam OH (Ould-Hamouda) evoluciona con el corazón en el campo social y artístico, encontrando allí herramientas preciosas para plantar semillas, que darán diferentes plantas y frutos según el curso de vida de quien las reciba en su escritura, oralidad Tiene un lugar primordial y, además de sus publicaciones en revistas y la animación de talleres de escritura, es dando vida a sus palabras por la voz y por el cuerpo, colaborando especialmente con artistas de todo tipo, que vibra al más alto. Facebook: https://www.facebook.com/oh.myriam/ – Instagram: @oh_myriam

Se hace azul en mis ojos

Está bien y ni siquiera me proyecto.
Va a donde quiere ir.
No pide nada.
Traza su camino sin tomar notas.
Rompe su costra de lo que está por venir.
Estimula la ternura.
Lo recibes.
Hace su trabajo, sigue la idea del mortinato.
Llora sin prisas.
Levanta la voz.
Sin proyectarlo.
Sin bajarlo cuando sube la punta.

Está bien y todavía soy sumisa.
A las leyes de la gravedad de la atracción.
Universal.
Se llama como sea.
No me llama si no quiere.
No tienes el lujo de resonar.
En todo momento.
Ha tenido su día, está haciendo su agujero.
Funciona o no.
Plantea que hay para quien querrá.
No hagas nada con eso.
No cuenta contigo.

No cuenta.
No dice nada.
Como estas.

***

No hay nada más que decir

No hay nada más que ver.
Ni en teatros ni en la calle.
Ya no hay donde huir.
Donde dejar dramas y bulevares
que llevamos dentro de nosotros mismos.
El universo lava su ropa sucia.
Ya no hay un rol para nadie.
Es el primero de su propia existencia.

No hay nada más que decir.
Lo que es.
Es.

Qué causa y qué efecto modela el accidente.
Que defiende, que engaña a un elefante
corazón de porcelana. Que poetiza
las ramas del corazón crujiendo contra el horizonte.
¡Qué ruido del mundo, qué ruido de la vida!
No hay más que alimentar.
De lo que estamos hechos.
Carreteras falsas rodeadas de abismo.

No hay nada más que hacer.
Que girar el revestimiento de su piel y leerlo al revés.
Cada emoción tiene su propio lenguaje
que absuelve el dolor.
Ya no hay donde morir.
Eso en sí mismo.
No es necesario dar la bienvenida a toda la miseria del mundo.
Ya está ahí.